Gloria Anzaldúa fue una escritora chicana-tejana-lesbiana-feminista de la segunda mitad del siglo XX en los Estados Unidos quien escribió sobre las fronteras. En un sentido, "la frontera" a que Anzaldúa se refiere representa la frontera geográfica y peligrosa entre los Estados Unidos (específicamente Texas) y México, donde ella nació y creció. Sin embargo, a Anzaldúa le interesan no solo las fronteras geográficas, sino también las fronteras de género, de raza, y de identidad que crean los binarios que dictan que se tiene que pertenecer a un lado o el otro.

Lo que Anzaldúa arguye y apoya, entonces, es la existencia de una identidad mestiza que es más que una mezcla de los dos lados; para ella, existe su propia identidad completa. En su ensayo La prieta, Anzaldúa usa el símil comparándose con Shiva, el dios hindú. Ella pide, "Piensa en mí como Shiva, con un cuerpo de muchos brazos y piernas con un pie en la tierra color café, otro en lo blanco, otro en la sociedad heterosexual, otro en el mundo gay, otro en el mundo de los hombres, de las mujeres, un brazo en la clase obrera, los mundos socialistas y ocultos" (La prieta 165). De esta manera, Anzaldúa simultáneamente encarna todas las facetas de su identidad que son indivisibles y por eso su identidad total, como el cuerpo de Shiva, es una entidad completa. Este nuevo concepto es lo que ofrece Anzaldúa en sus obras, con respecto a sí misma pero también a todas las personas con la condición de mestiza.

Para continuar con el tema de estos brazos de Shiva/Anzaldúa, la condición de la raza mestiza es una de las facetas complejas de Anzaldúa, pero trabaja con todas las otras facetas al mismo tiempo. En su obra La prieta, Anzaldúa describe los pensamientos sobre la raza que había en su casa, y sobre sus experiencias personales. Cuenta, "Cuando nací, Mamá grande Locha me inspeccionó las nalgas en busca de la mancha oscura, la señal del indio, o peor, de sangre mulata" (La Prieta 157). Aunque ella no podría recordar este momento en realidad, muestra como fue el ambiente y la idea de la raza en que ella nació; había el miedo de que ella pudiera parecer india o mulata en vez de chicana. Ella continua, "Nunca [mi mamá] reconoció que aunque ya éramos americanos por seis generaciones, aun éramos mexicanos y todos los mexicanos son parte indios" (La prieta 157). Por un lado, ella está hablando aquí sobre la ignorancia de su mamá. Sin embargo, más importantemente, ella está hablando del hecho que ni los estadounidenses, ni los mexicanos ni los indios se dan cuenta de sus raíces mestizas. Entonces, Anzaldúa dice que para ella, "Es difícil liberarme del prejuicio cultural chicano en el que nací y me crié, y del sesgo cultural de la cultura anglo con que me lavaron el cerebro" (La prieta 166). Hoy en día, a pesar de sus teorías innovadoras, para Anzaldúa es difícil evitar las trampas de prejuicio de su pasado que le fuerzan a Anzaldúa a escoger una parte de su identidad e ignorar las otras.

Rosario Morales trata el racismo en su ensayo Todas corremos la misma suerte y vale la pena hablar brevemente sobre sus repuestas y soluciones teóricas del problema que Anzaldúa presenta sobre su identidad mestiza. Morales declara, "Todas somos capaces de ser racistas sea cual sea nuestro color y condición. Sólo algunas de nosotras estamos sujetas a un ataque racista" (Morales 82). Es decir que todo el mundo puede ser racista-si una persona tiene una condición mestiza o no, no es importante-, y por eso, "La culpabilidad es un hecho para todas nosotras, blancas y de color, esta es una identificación con el opresor y la ideología opresiva" (Morales 82). En otras palabras, según Morales, el prejuicio que puede parecer como racismo de que habla Anzaldúa no es el resultado de su condición mestiza, sino la condición de todo el mundo que se identifica con cualquier grupo de opresores. Sin embargo, Morales se refiere particularmente a las mujeres y el racismo. Este foco es crucial porque combina la raza y el género para expresar una condición mestiza que es más específica, como la condición de Anzaldúa.

Como un concepto abstracto y también como una forma geográfica, la frontera entre los Estados Unidos y el concepto de la frontera en general es clave en la exploración de Anzaldúa de su identidad mestiza. Anzaldúa se crió cerca de la frontera entre México y Tejas, por lo tanto este hecho fue una parte formativa de su vida y su identidad. Con respecto a la mujer fronteriza como Anzaldúa, en su ensayo, "Al otro lado de la línea. Representaciones socioculturales en las narrativas sobre la frontera México-Estados Unidos," José Manuel Valenzuela Arce explica que, "La mujer fronteriza vive en los umbrales, en los intersticios, en los márgenes: su conciencia es una conciencia fronteriza. La cultura fronteriza es producida por quienes cruzan los límites de la normalidad, y estos límites pueden ser nacionales, étnicos, de raza o de género" (Arce 141). De manera clara, Arce toca lo que Anzaldúa explica sobre las mujeres mestizas: "Somos los grupos raros, la gente que no pertenece a ningún sitio, ni al mundo dominante, ni completamente a nuestra propia cultura" (La prieta 168). Ya que no hay un espacio geográficamente especifico de estas personas mestizas en el binario de la frontera física, no hay un espacio para sus identidades mestizas en el binario abstracto que separa a los estadounidenses y a los mexicanos. Dada la violencia alrededor de la frontera  y la opinión popular en los Estados Unidos contra la inmigración, estas personas con las identidades que toman las características de los dos lados de la frontera no son aceptadas por la sociedad. Por eso, en las palabras de Arce:

"La realidad fronteriza, múltiple y compleja, no se agota en la dimensión binaria definida por lo mexicano y lo estadounidense. Tampoco se conforma a partir de relacionales dicotómicas que desconocen campos intersticiales y procesos transfronterizos que han marcado la vida y la cultura de ambas partes.  La frontera es una gramática abierta, en texto inconcluso..." (127)

A pesar de que la frontera es un límite y es percibida como un espacio cerrado, el discurso sobre las identidades de las personas de la frontera está abierto y poco claro. Es como si Shiva estuviera moviendo sus brazos rápidamente y no se pudiera distinguir entre el brazo estadounidense y el brazo mexicano; parece que todo es una entidad compleja e indivisible, porque en realidad para las personas mestizas, así es.

En su poema No se raje, chicanita (para Missy Anzaldúa), publicado en su libro Borderlands/La Frontera: The New Mestiza, Anzaldúa explora su "realidad fronteriza" y habla del pasado histórico y del futuro de la identidad mestiza que nació en la frontera (Arce 127). A través de esta obra muy personal, dedicada a su sobrina, Missy, Anzaldúa se define y dibuja su idea sobre su propio mestizaje para romper las fronteras, y por lo tanto trascender la idea problemática del binario. En el primer verso del poema, Anzaldúa dice, "No se raje." Esto puede ser interpretado como "no se divida" o "no se rinda," que significa que hay algo intacto e indivisible adentro de su sobrina que debe continuar siendo así. Esta frase introduce lo que ella desarrolla luego sobre su identidad mestiza. Ella habla entonces sobre los origines complejos de las personas con las identidades mestizas, explicando que  su "linaje es antiguísimo" y nació antes del descubrimiento de las Américas y antes de la época "cuando Tejas era México" (vv. 3, 12). En estos versos Anzaldúa enfatiza las raíces antiguas o indias y también las raíces mexicanas, explicando a su sobrina, "De los primeros vaqueros descendiste" (v. 13). Inmediatamente después, ella salta al presente para mostrar la relación fuerte entre las raíces antiguas y los parientes hoy en día. A su sobrina, dice que "Mujeres fuertísimas te crearon: / tu mamá, mi hermana, mi madre, y yo" (vv. 15-16). Además, Anzaldúa enfatiza el rol de las mujeres en la vida de su sobrina, y esta mezcla de énfasis en raíces y género es otro ejemplo de la complejidad de la identidad mestiza.

Más adelante Anzaldúa habla sobre la opresión que sufrieron sus antepasados, pero una de las declaraciones más fuertes afirma que "nunca [los opresores] nos quitarán ese orgullo / de ser mexicana-Chicana-tejana / ni el espíritu indio" (vv. 17, 22-24). Para ella, es importante que las mestizas, las hijas se den cuenta de y mantengan su condición de mestiza y ser una mujer mexicana-chicana-tejana de una manera resistente. Finalmente, Anzaldúa proclama, "Sí, se me hace que unos cuantos años o siglos / la Raza se levantará, lengua intacta / cargando lo mejor se todas las culturas" (vv. 36-38). Esta "Raza" con mayúscula puede ser la raza mestiza que ahora no es reconocida como una raza concreta, sino que siempre como una mescla de identidades separadas. En pocas palabras, este poema Anzaldúa ofrece un concepto innovador sobre la manera en que definimos el concepto de la identidad a través de una forma artística.

Con su nueva definición de la identidad mestiza, Gloria Anzaldúa da un paso adelante en una sociedad que no puede ver más allá de las fronteras y los binarios. Estos binarios son efectivos solamente para limitar y estrechar nuestra concepción de identidad, como los muros en la frontera entre los Estados Unidos y México limitan nuestra concepción de los espacios y la geografía de los Estados Unidos. Según Gloria y a su teoría innovadora, personal y apasionada, tenemos que destruir estos muros para poder abrir nuestra mente y expandir nuestro entendimiento de la identidad.